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Apología a Lucas para que lo dejen vivir (en mi apartamento)

Quién no ha tenido una mascota alguna vez, quién no ha sido niño durante años y ha sabido  coleccionar figuritas y trapos que arrastrados desconsideradamente con los dedos, acompañábamos –o nos acompañaban- a cuanta aventura nos imaginábamos en nuestras retorcidas cabezas. Un amigo imaginario  o mejor aún, un animalito  que pasaba a ser nuestra razón de vida, nuestra preocupación constante para ser atendida. Qué viejo puede decir que no ha tenido una mascota nunca.

 

 

Mi  papá tenia a Panchita, una perrita chusca que lo acompañó durante  diez años y que se murió de vieja, de sorda, de ciega y de pena desde que se murió el abuelo. Dicen que los perros se encariñan tanto con sus amos, que pueden deprimirse e incluso apenarse ante su ausencia, yo les creo. Mi mamà tuvo un pato, un pato torpe que se golpeó la cabeza y que fue el consentido durante la época escolar de mi madre hasta un día en que mi abuelo  lo puso a hervir. Mi mamà lloró durante  casi un mes por su pato Serafino. Después de la cena, cuenta que recolectó todos los huesos para enterrarlos  frente  a la casa, al borde del río donde jugaba con el pato.

 

Tomy, amigo mío desde pequeño, tenia un simpático conejo, centro de atención para todas sus novias y fastidiosa bola de pelos para su madre, lo tuvo durante  casi cuatro años e incluso, lo llevaba  en el auto cuando salía de viaje, le había confeccionado unas gafas negras de sol para que estuviera a la moda y una  camiseta que decía Love me, era todo un personaje ese conejo.

 

Mi primera mascota me la regaló mi papá, le pusimos Lucas pensando que era machito cuando en realidad era hembra, pero el nombre quedó por decisión unánime de familia y quedaría posteriormente para todas las mascotas que llegarían a la casa. Ese primer Lucas  murió envenenado en la casa de Barcelona donde vivíamos, posteriormente  unos cuatro Lucas  formarían parte de la descendencia del original. Tuvimos un Pastor Alemán, un Terry, un Doberman y un Siberiano.

 

El último  descendiente, otra vez Lucas, es un Pastor Alemán como el primero, tiene  dos meses y las ganas enormes de vivir en el apartamento al que acabo mudarme. No tiene  familia más que yo, no tiene cómo solventarse sus gastos ni donde vivir. Es educado, muy tranquilo a pesar de su inquieta edad,  súper refinado y gusta mucho de vivir en apartamentos, no ladra, no hace bulla, no incomoda y quiere mucho a sus vecinos. Sabe ir al baño y esperar a que lo saquen a pasear. No saluda por su excesiva timidez, pero mueve la cola  con ternura. No tiene vicios, no toma, no fuma, es soltero y no piensa para nada en malas amistades. Hace mucho deporte, en especial  el atletismo, sabe recoger el periódico y espantar a los ladrones. Es buen compañero de soledades y  depresiones y casi nunca  coge la comida que no es de su plato.

 

En el apartamento nuevo me lo han prohibido, ya hice la compra y no puedo abandonarlo a su suerte. He insistido  en que no habrá ningún problema con que lo tenga, pero me dicen que son las reglas. El apartamento no es muy pequeño y según lo planificado, cabemos los dos. He pensado hacer una visita a los vecinos para que lo conozcan y apoyen  la intención de adoptarlo como huésped ilustre del inmueble. Espero que los agentes inmobiliario se apiaden de Lucas, no saben cuánto se lo agradecería. Él aún no lo sabe.

 

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CELEBRANDO AÑO NUEVO COMO LOCO PERO EN LA CASA

Cuando uno compra una casa o un terreno para construir el inmueble de su preferencia, lo primero que valora es la seguridad de la zona. En efecto, nadie quiere a un loco por vecino ni andar preocupado por lo que hace o deja de hacer. Quien escribe no fue la excepción y al comprar el terreno donde construí mi casa, me tomé el tiempo para averiguar las costumbres de los vecinos de la zona y sus ocupaciones. Al momento de la adquisición todo se presentó normal, no había de qué preocuparse, pero claro, nunca pensé que en un futuro el escenario cambiaría. Hasta hace unos cuatro o cinco años, el vecindario era tranquilo, incluso ahora lo es, a excepción de uno de mis vecinos, Bernardo. En efecto, el popular “Nano” se mudó a dos casas de la mía y una que otra vez es protagonista de bochornosos incidentes ya que presenta un desorden neurológico que lo hace actuar erráticamente de cuando en vez. Sin embargo, su enfermedad está controlada con una planificada medicación a base de ansiolíticos que lo mantienen con un humor estable. El problema es que, a veces, olvida tomar su medicación o simplemente se le agota antes de tiempo generando uno o dos días de “desfase”. Todo el vecindario sabe muy bien cuando esta situación se ha dado pues se escuchan gritos y algo siempre se rompe.

Recuerdo que en uno de estos episodios, el vecindario amaneció no con cantos de aves como de costumbre, sino con el sonido de vidrios rompiéndose. La bulla provenía de la casa de Nano y había unos dos minutos de separación entre sonido y sonido. Al asomarme por la ventana de mi habitación, comprobé con asombro que Nano estaba lanzando botellas a la calle. Lo hacía desde la azotea de su casa y sobre el medio de la pista en donde había un círculo dibujado con tiza blanca. Luego me enteraría que él mismo había pintado ese círculo minutos antes de iniciar su juego. El juego se tornaba peligroso pues los minutos corrían y los primeros autos del día empezaban a circular por la zona de bombardeo. Por fin sucedió lo que todos temimos en esos momentos. Cuando Nano lanzó aquella botella verde, en mi interior supe que era el tiro premiado. Lo comprobé cuando el casco hizo impacto en el vidrio frontal de un sedan azul que iba pasando por nuestra calle. Indudablemente el impacto cogió de lleno y por sorpresa al chofer del vehículo que perdió el control y fue a estrellarse contra otro automóvil que estaba aparcado unos metros más allá. Afortunadamente el coche impactado traía poca velocidad, de lo contrario la suerte pudo haber sido mucho peor. “Para que te atraviesas” se escuchó enseguida. Era la inconfundible voz de Nano que le recriminaba al chofer del vehículo afectado su falta de tino. Increíble. El chofer bajó iracundo e ileso y empezó a contestar el fuego desde una posición desventajosa. Cuando más botellas empezaron a caer sobre él, se dio cuenta que trataba con un enajenado y sabiamente trepó a su maltrecho vehículo y emprendió la fuga. Menos de una hora después de ocurrido el incidente, llegaban dos patrullas de la policía y se llevaban a Nano a la dependencia. Desde aquella vez, no se volvió a registrar ningún incidente con el loco del vecindario. Pero llegó el año nuevo y se rompió la buena racha.

Quien escribe no tenía nada planeado para celebrar año nuevo, fue un 2007 muy difícil y al hacer cuentas y presupuesto para el 2008, me deprimí. No podía hacer nada más que pasar año nuevo en casa, al menos estaban algunos vecinos que tampoco harían nada, más que nada por miedo a ser asaltados mientras estaban ausentes. Fue así que decidimos juntarnos treinta minutos antes de las doce para celebrar allí mismo, en mitad de la calle la llegada del año nuevo. Dicho y hecho. A las 11:30 de la noche en punto, cerca de quince vecinos nos juntamos en el jardín exterior de la casa de uno de ellos, no pasamos al interior de dicho inmueble pues pensábamos prender algunos fuegos artificiales. Empezamos con unas luces de diez y veinte tiempos que lanzaban pequeñas bolas de fuego hacia el firmamento. Todo era algarabía, había olvidado mis problemas, cuando de pronto algo me alertó. Una de esas luces describió una trayectoria errática y pasó rozando el rostro de quien escribe, no paso ni veinte segundos cuando otra bola de fuego pasó junto a mi hombro derecho, casi pude sentir el calor que provocaba su alta temperatura y su fugaz trayectoria. De pronto empezaron los gritos. En menos de un segundo mi mente empezó a trabajar y pensé que uno de los fuegos artificiales se había caído y por eso las luces no salían disparadas hacia arriba. No había tiempo para comprobar esa teoría y me parapeté tras uno de los autos, la escena parecía salida de una película de acción pues literalmente volé y di un volantín al caer tras el auto. La adrenalina fluía a mil por hora y los demás salieron despavoridos en todas direcciones.

Ya bien cubierto, me di cuenta que las luces venían de otro lado. Gracias a mi buena vista pude divisar a una persona que sostenía en la mano una de estas bengalas y las apuntaba en nuestra dirección. Era Nano, el lunático estaba dirigiendo las bolas de fuego en nuestra dirección pero lo peor estaba por venir. Como vio que nos pusimos a buen recaudo, comenzó a encender más fuegos pero ya no los dirigía hacia nosotros sino que los lanzaba directamente como si fuesen granadas. Tuvimos que salir corriendo de la zona alejándonos varias calles arriba. Ya a buen resguardo, llamamos a la policía que se acercó a los pocos minutos. Nano ya no estaba y todos nos preguntamos hacia donde había ido. Varios policías y el grupo de vecinos nos arremolinamos en la puerta de su domicilio calculando que el enajenado se había refugiado allí al escuchar las sirenas. Grande fue nuestra sorpresa cuando vimos que Nano pasaba corriendo a espaldas de nosotros portando una maleta en cada brazo y gritando a voz en cuello “Feliz Año Nuevo, Feliz Año Nuevo”. Definitivamente no iba a ser el último episodio del loco Nano.

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HERENCIA, BIENES RAÍCES Y RESTAURANTE

Me cuento entre las personas que no saben en qué invertir. Así como yo, existen muchos que tienen un capital respetable durmiendo en las arcas del banco, quizá en el sistema de fondos mutuos o en alguna cuenta de ahorros que no reporta el beneficio que debería retribuir. Algunos más arriesgados, invierten en la bolsa moviendo acciones por aquí y por allá. Venden todas las acciones y compran unas cuantas que parecen estar del lado de los perdedores y en dos años, gracias a un infidente dato, se hacen más ricos. Otras personas más sobrias invierten en los bienes raíces y aportan capital para formar una pequeña inmobiliaria o en todo caso compran apartamentos en bloque para alquilarlos y percibir una renta por ellos. En mi caso, no supe que hacer cuando recibí la herencia que mi abuelo dejó en su testamento. Para empezar, debo decir que el asunto me tomó por sorpresa y fue un hecho prácticamente providencial pues es conocido el amarre que hacen las familias y los abogados para dejar fuera a algunos herederos. Bien dicen que el que parte y reparte se queda con la mejor parte. Pero quisiera describir el contexto en que me tocó recibir la herencia para que se hagan una mejor idea de cómo venía esa mano. El abuelo que me dejó la herencia, era por parte de padre. Para esto, mi padre y mi madre se separaron hace muchos años y sólo veía a mi padre de vez en cuando, quizá un par de veces al mes. En cuanto a mi abuelo, lo veía sólo dos veces al año, una en navidad y otra en el día de su cumpleaños. Sin embargo, tenía una buena relación con él, me quería mucho y yo, como todo joven, andaba más preocupado en divertirme que en conversar con un anciano y aprender de su experiencia. Eso me lo hizo notar mi abuelo, un año antes de morir. Me dijo “eres joven y lo entiendo. Después tendremos mucho tiempo para conversar”. Mi abuelo era un gran convencido de la vida más allá de la muerte, un concepto difícil de digerir, es casi un estado que sólo se puede alcanzar en base a la investigación y a los dones divinos. Ahora lo sé. La muerte de mi abuelo acaeció de pronto. Un infarto se lo llevó de este mundo pero dejó un testamento. No me tocó ninguna de las propiedades que se repartieron entre sus hijos, algunos quedaron más disconformes que otros, según su grado de avance espiritual. En mi caso, lo que recibí fue una fuerte cantidad de dinero en una cuenta que pasó a mi nombre.

Como dije, el conocimiento de esta herencia fue providencial y, de no haber sido por ese golpe de suerte, mi padre y yo hubiésemos quedado fuera de la declaratoria de herederos. En efecto, la lectura del testamento se trató de hacer muy rápido, tanto como para que mi padre no reaccionara. Pero el Destino tenía otros planes. Un buen día me quedé en casa, recuerdo que tuve una resaca muy fuerte que me obligó a quedarme en cama hasta las primeras horas de la tarde. Apenas me levanté mi padre me envió a comprarle una revista pero entendí mal y le traje el diario. Él casi nunca lee el diario, sólo ve noticias por la televisión, sin embargo, la providencia hizo que abriera ese periódico y se topara con la convocatoria a herederos publicada según ley en el diario. Me comentó el hecho y me agradeció profundamente la equivocación. Yo, aún seguía con la resaca y no entendí bien. A los pocos días todo fue claro, mi abuelo sí había escrito un testamento y estábamos dentro de éste. Había que acudir a la convocatoria oficial de lectura de testamento. No fue nada espectacular, toda la familia estuvo presente, los mayores de riguroso luto y los más jóvenes esperando a que termine pronto. Ahí me enteré del jugoso beneficio que me tocó, ni siquiera lo intuí, mi abuelo era muy reservado con sus cosas y vaya que le gustaba dar sorpresas. Con tanto dinero de pronto no supe que hacer. Todos me decían “inviértelo”. Lógico, pero ¿En qué? Algunos se inclinaban por asegurar el dinero en una entidad bancaria y utilizar solamente los intereses que no eran pocos pero sentía que ese dinero podía reportar mayores ganancias.

Estuve a un tris de meterme al mundo de la bolsa, a raíz de un primo que trabaja en una sociedad agente de bolsa y que también estuvo presente en la lectura del testamento acompañando a mi tía. A él no le toco ni una silla y eso me hizo desconfiar. Yo era totalmente neófito en el asunto bursátil y vi por conveniente no tentar a la suerte, así que le di largas a mi primo hasta que se cansó de asediarme. También pasó por mi cabeza, la idea de “vivir” el dinero como todo joven pero mi padre me aconsejó que no cometiera esa estupidez y entre los dos acordamos poner un negocio. La idea original fue meternos al negocio de los bienes raíces, quizá empezar comprando un apartamento pequeño y revenderlo o alquilarlo y así ir sumando capital en base a créditos y préstamos. Llegamos a la conclusión de que las ganancias vendrían a largo plazo. Necesitábamos algo más directo y con un poco más de adrenalina, algo que nos hiciera mover los pies. Pensamos entonces en comprar un terreno y construir allí el local de nuestro futuro negocio. Un restaurante.

En efecto, hicimos todos los estudios necesarios al respecto y concluimos que era un negocio que no tenía pierde. Hoy en día la enfermedad que más ataca al mundo no es el SIDA o el Cáncer sino la obesidad y había que tomar ventaja de ello. Si quieren comida, démosle comida pensamos y urdimos el plan maestro. El terreno estaba bien ubicado, no en el movimiento sino ya de camino de salida de la ciudad. Aprovechando la tranquilidad de la zona, el mercadeo se basaría en la idea de una comida satisfactoria con una sobremesa tranquila y agradable donde se podrían cerrar negocios importantes. Nuestra publicidad se movió en esa dirección, enfocándonos en almuerzos y cenas empresariales, los precios altos le daban un toque de distinción, las alianzas estratégicas hicieron su parte y el negocio echó a andar. En menos de un año recuperamos la inversión y las arcas comenzaban a llenarse, pronto vendrá el segundo local en las afueras de otra ciudad importante que por ahora no puedo revelar.

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La poca compra de inmuebles en España cambió el año 2007

El comprar cualquier propiedad inmobiliaria a estas alturas del año no debe ser algo muy común, ya que por lo general es una temporada baja para el negocio inmobiliario, según he podio notar. Bueno, eso es lo que he percibido, ya que a lo largo de todo el año he visto como mis amigos y algunos familiares compraban y alquilaban casas, apartamentos, y terrenos para construir sus inmuebles, y siempre, que se acerca esta época de diciembre, es menor la cantidad de personas que conozco y que están dentro de alguna transacción inmobiliaria.

 

Supongo que ello ocurrirá porque durante diciembre las personas prefieren gastar dinero en otras cosas y no en un inmueble, a no ser que quieran regalarlo por Navidad. Lo más seguro es que por alguna razón las personas prefieran comprar pasadas las fiestas, también porque se percibe comúnmente que durante esta época todos los precios suben y se hace más caro poder conseguir cualquier cosa que se desee. Es por ello que esta baja de demanda no debe ser tomada como una gran tendencia pues es algo que yo veo que suele pasar. Es algo totalmente contrario a lo que ha ocurrido a inicios de este año, que la demanda de inmuebles, en general empezó a sufrir un descenso fuerte, golpeando de esa manera a las grandes empresas inmobiliarias, y otras empresas del sector, como por ejemplo agencias financieras, que venían viviendo un auge, por la gran cantidad de inmuebles que se vendían, por ejemplo en el año 2006, en comparación con la cantidad, mucho menor, que se ha podido vender durante el presente año que ya acaba.

 

Pero felizmente, esa baja en la demanda no fue un golpe tan grande como los fue el de las hipotecas de altos riesgo en Estados Unidos, donde a partir de agosto en verdad se vivió una crisis inmobiliaria que llevó a muchas empresas al borde del abismo, y a otras tantas al abismo mismo, pues la población cada vez compró o alquiló menos inmuebles, y también se empezaron a dejar de pagar algunas hipotecas, por lo que las entidades bancarias y las agencias inmobiliarias veían como sus propiedades no eran rentables, pues a pesar del embargo, no había quien comprara luego ese inmueble que había vuelto a ser propiedad de la agencia. Era como si se tuviera un gran almacén de inmuebles los cuales estaban regados en terrenos no comprados, que se encontraban a lo largo de todo el país.

 

Sin embargo el golpe a la inmobiliaria, es decir a la compra en España de casas, apartamentos, unifamiliares, fincas, terrenos, etc., fue una cambio en la forma en la que se había venido desarrollando el mercado inmobiliario en España durante los últimos años; ya que a pesar de no ser un paraíso inmobiliario, no había habido tanta baja de demanda en comparación con el aumento de la oferta, lo cual llevó este año a que exista un dispar crecimiento en los precios. Todo ello condujo a una incomodidad en la población, que ahora, a puertas del 2008, espera que todo es cambie en los próximos doce meses.

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Entre el alquiler de un apartamento y la compra de una casa en España

Todo cambio implica una fuerte decisión, por la cual hay que pasar si se desea llevar a cabo algo nuevo en la vida. Por ello al momento de decidir se deben tomar en cuenta todos los aspectos que rodean el tema. Esto es: contar tanto con lo bueno como con lo malo que nos podría traer cualquiera de las opciones.

 

Sabiendo eso, hace un par de meses cuando decidí que quería llevar a cabo una mudanza tuve que poner todas las cosas relacionadas con los posibles inmuebles a los que iría a vivir, en una balanza mental para poder tomar una decisión adecuada sobre mi futuro inmediato. Y en realidad también a largo plazo pues si decidía comprar una casa, o comprar un terreno para construir mi propio inmueble, seguramente tendría que pagar por muchos años los préstamos que me hicieran.

 

Bien, la decisión final la tuve que tomar entre un apartamento y una casa. Ambos inmuebles estaban situados en la misma localidad, cada uno muy cerca del otro en realidad por lo que esa no era una gran diferencia al tomar la decisión. Otro punto por el cual tuve que decidir fue el del acabado de los respectivos inmuebles. Mientras la casa parecía más bien hecha ya hace algunos años, el apartamento que podría ser mío tenía un diseño digamos vanguardista, más cercano al siglo XXI, y por ello en ese punto la balanza se inclinaba un poco hacia el apartamento, pero aún faltaban otros aspectos que no había considerado y que eran muy importantes.

 

Estaba también el muy importante aspecto de los problemas que tendría que pasar por encontrarme en alguno de esos dos inmuebles. En cuanto a la casa, tal vez tendría que lidiar con los vecinos quienes podrían ser muy amables o también muy molestosos, esa opción estaba totalmente abierta a cualquiera de las posibilidades. Y lo mismo sucedía con la situación del apartamento pues no sabía si las personas que rentaran los apartamentos cercanos al mío serían buenos vecinos o malos vecinos.

 

Hasta ahí todo se inclinaba a que rentara un apartamento y no optara por la compra de un terreno o de una casa. Sin embargo, revisando algunas cifras sobre estudios de inmobiliaria en España, que pude obtener de algunas fuentes en internet, me di cuenta que era mucho más rentable contar con una propiedad que con un inmueble en alquiler. Debido principalmente a que la cantidad que se paga cada mes por una propiedad  adquirida es mucho menor a lo que se paga por un alquiler. Aun habiendo gente que cree que es mejor rentar y no arriesgarse a comprar una propiedad debido a los intereses que se cobran en gran cantidad.

 

Fue después de saber esos datos sobre el alquiler y la compra de casa en España que me decidí por comprar una propiedad. Ya que no sólo ahorraría una buena cantidad de dinero cada mes en comparación al alquiler, sino también porque tendría asegurado mi fututo y el de mi familia, pues ya contaríamos con un lugar que nos pertenezca y del cual no corriéramos el riesgo de tener que mudarnos en cualquier momento. Yo preferí la compra, pero tal vez usted prefiera el alquiler. Eso ya es cuestión de cada persona y de la visión que tiene acerca de sus gastos y de su futuro en general.

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Sorpresa en el nuevo vecindario

La compra de una casa puede traer muchas cosas nuevas. Un nuevo lugar en el que se va a vivir, nuevos vecinos con los que se va a interactuar por mucho tiempo, y en fin, todo un sin fin de oportunidades de aprehender una nueva etapa de nuestras vidas que se marca justamente con la mudanza hacia un inmueble que recién nos recibe. Esa era la sensación que yo tenía cuando me iba a mudar a una casa comprada hace muy poco tiempo, y en la cual pensaba tener una vida totalmente diferente, porque hasta ese momento había estado siempre pendiente más de mi trabajo que de mi familia y mis amigos, pero eso empezaría a cambiar.

 

Justamente la mudanza la habíamos realizado para que el trayecto entre mi trabajo y mi casa fuera menor, para poder pasar de esa forma más tiempo en casa con mis hijos y con mi esposa. Tenía todo planeado, como empezar a dedicar más tiempo a las cosas de la casa, porque me había dado cuenta que no estaba poniendo mucha atención por ejemplo al crecimiento de mis hijos, y eso no era bueno. Así que muchas cosas iban a cambiar con esta mudanza, que era en realidad como el inicio de un nuevo ciclo. Aunque pasó algo que más que darme la sensación de un nuevo ciclo, me hizo pensar en el regreso de algunas cosas del pasado.

 

El día que me mudé a mi nueva casa me di con una gran sorpresa. Uno de mis nuevos vecinos iba  era uno de mis amigos de la infancia. Un amigo al que no veía hace muchos años, aún antes de haber terminado la época escolar, pues él se mudó unos años antes de que terminemos la escuela. Fue muy grande mi felicidad cuando lo vi. Yo estaba terminando de arreglar las maletas que contenían cosas frágiles  y me había sentado a descansar en la puerta de la casa mientras los demás miembros de la familia ordenaban sus respectivos cuartos para poder descansar esa noche con un poco menos de desorden que la noche anterior.

 

Cuando lo vi, primero no lo reconocí, pero luego lo llamé casi inconscientemente y él volteó. Nos saludamos con mucha alegría y le conté que me había mudado al costado, y que ahora tenía una familia, que se los presentaría cuando bajaran de ordenar. Él me dijo que también se había casado, con una de nuestras amigas del colegio. Era una muy buen amiga mía también, aunque tampoco la había visto desde nuestra adolescencia, ya que ella también se había mudado. Al parecer todo iba ser muy bueno en este nuevo vecindario, y más allá de que pareciera que todo iba a ser completamente diferente, estaba más bien tomando la forma de recuerdos ya que me encontraba con personas de mi pasado.

 

Fue así que lo nuevo de haber comprado un inmueble llegó con más de una sorpresa, y con grandes alegrías, así como con nuevos planes para empezar una vida mejor. Todo parece que en verdad va a estar bien por algún buen tiempo, sólo queda esperar a que las cosas no cambien de rumbo y que el nuevo inmueble traiga buena suerte.

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Robo en un inmueble

Muy a mi pesar voy a contarles lo que me pasó. Y digo muy a mi pesar por que no es algo que quisiera que le pase absolutamente a nadie. Aunque por otro lado, haciendo mi caso de conocimiento público puedo ayudar a que se empiecen a evitar estas acciones que nos perjudican. Se trata nada más y nada menos que de un robo acaecido en mi domicilio. Sí, un robo. Por más increíble que parezca, en plena ciudad de Madrid, es algo que jamás me iba a imaginar. En absoluto.

 

Bueno, he aquí lo que me ocurrió. Una noche después de un difícil día de trabajo llegué a mi casa y encontré que la puerta estaba algo golpeada. De inmediatito pensé que los niños del apartamento del costado habían estado jugando por el pasadizo y en un descuido propio de la infancia habían magullado un poco mi puerta. Por ello dejé pasar el asunto, además en verdad estaba muy cansado y quería llegar pronto a mi cama. Tenía también en la cabeza la cantidad de dinero que tenía que pagar por la renta pues ya se acercaba otra vez fin de mes, y me volví a preguntar porqué había alquilado un apartamento tan caro, si tomaba en cuenta todos mis ingresos económicos. Me costaba casi lo mismo que el haberme comprado un terreno para construir mi casa.

 

Esa noche la pasé casi sin dormir, y la mayor razón fue el que me acordaba constantemente de la puerta magullada cerca del cerrojo. Sabía que el haberla dejado así estaba muy mal. Por ello al día siguiente luego de que volvía de trabajar -un poco más temprano este día- compré un nuevo cerrojo para mi puerta. Convenientemente me crucé con el conserje del edificio y le pregunté si podía hacerlo. Aunque en ese momento me pareció raro pues nunca lo había visto. Sin embargo, estaba donde siempre había estado el conserje así que no me hice problemas.

 

De esa manera, después de que ya había arreglado la puerta, pasaron dos, tres, cuatro días. Pero aún tenía un sinsabor dentro de mí, algo que no me dejaba tranquilo. Hasta que un día me di cuenta de lo que había pasado. Y en realidad me di cuenta porque ya era muy tarde para reaccionar ya que todos los movimientos del ladrón ya habían sido hechos. Bien la cosa fue así. Un día volví a mi casa y encontré la puerta abierta. Ahí ya me preocupé, aunque no tanto cuando entré y noté que faltaba el televisor, el microondas, algunas prendas de vestir, y muchas cosas más entre artefactos y adornos, que ya ni hace falta repetir.

 

Tal fue la bulla que hice, que mis vecinos se aproximaron. Les conté todo y todos parecieron extrañarse, cuando llegué a lo del conserje “Pero si está de viajes hasta la próxima semana”,  me dijeron.  Fue así como me di cuenta de que alguien que había estado al tanto de mi constante ausencia en el edificio había aprovechado mi descuido para robarme gran parte de mis pertenencias. Por eso escribo esto, para que aquellos que están casi todo el día fuera de sus casas tengan más precaución en cuanto a su hogar se refiere, no vaya a ser que les ocurra algo como lo que me pasó a mí.

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¿Qué pasa por nuestras cabezas al comprar un inmueble?

Comprar cualquier propiedad de por sí es difícil para cualquier persona que se encuentre en esta situación. Cuando se tiene la oportunidad de estar frente a algún inmueble que se puede comprar, las cosas que pasan por al cabeza son tantas, tan variadas, y tan rápidas que uno no se puede detener a decidir sobre cual elemento se va a empezar a discernir para tomar una decisión de compra.

 

En primer lugar está si nos gusta o no el lugar, ya sea apartamento, chalet, casa, unifamiliar, finca, casa de playa, o cualquier otro tipo de inmueble, en el que probablemente vayamos a residir si optamos por la compra. Esto sucede porque durante la búsqueda de un inmueble muchas veces visitamos gran cantidad de propiedades, de las cuales muchas pueden pertenecer a lo que teníamos en nuestra cabeza como una imagen de la casa ideal; pero también se pueden ver muchas otras casas, o terrenos que no se quieran comprar, pues simplemente cualquiera de sus elemento, o tal vez su entorno, no nos agrada en lo absoluto. Una vez pasado este elemento, y si se cuenta con una familia, los demás también darán su opinión de la propiedad, por lo que esto representa algo un poco más complicado ya que no sólo se tendrá que esperar que una persona diga lo que piensa, sino que en el cruce de opiniones, muchas veces pueden surgir algunos conflictos que dificulten la decisión.

 

Otro punto a tomar en cuenta cuando se trata de un inmueble, y ya se ha logrado vencer el obstáculo de si uno gusta o no de la propiedad en cuestión, es el del dinero. Este asunto se define como el que será el elemento definitivo a la hora de tomar la decisión de compra, pues simplemente sólo podremos comprar lo que este al alcance de nuestro bolsillo. La forma en que se desarrolla nuestro pensamiento en cuanto a este punto es bastante ordenada, ya que siempre se tiene bastante cuidado en cuanto a dinero se refiere. Más aún si se trata de gastos.

 

Esa referencia al dinero empieza por cuestionarnos ¿no será mucho lo que estoy pagando por esta propiedad? o ¿habrá alguna otra propiedad similar que pueda conseguir por un precio más barato que este? estas son preguntas genéricas que saltan a nuestra conciencia al momento de decidir por la compra. Sin embargo, aunque se trate de un terreno en el mejor lugar del mundo, siempre nos preguntaremos por si el precio no es muy elevado. Además luego de esa primigenia reflexión monetaria, pasaremos a pensar, en la cantidad de años que nos pasaremos pagando la hipoteca, y cuanto nos costará finalmente, sobre todo ahora que es posible que los bancos hagan menos accesible las hipotecas que otorgan.

 

Después de haber pasado estas dos grandes barreras, las cosas que quedan después por resolver son más de índole particular. Es por ello que cada quien debe tener en cuenta qué cosas desea de una casa cuando va a realizar un negocio en este sector. Ya que no es simple elegir un lugar en el cual se va a vivir, para hacerlo bien se debe tomar en cuenta todo y cada uno de los elementos que rodean al inmueble y que se puedan relacionar con nuestra vida.

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Comprando para el futuro

Hace cerca de un mes, acompañé a unos amigos a ver un terreno que estaban por comprar. Ellos se acababan de casar y querían mudarse a un lugar que fuera propio. No querían seguir viviendo en la casa de los padres de ninguno de ellos, ni tener que pagar una renta todos los fines de mes. Por ello empezaron a buscar casas y terrenos que pudieran comprar para tener una propiedad en la cual empezar a vivir.

 

Y su búsqueda los había llevado hasta un terreno en el cual se habían fijado, más que todo por la zona que estaba alrededor. Había varias casas ya construidas y gran cantidad de áreas verdes, donde varios niños jugaban. Mis amigos planeaban tener hijos pronto, por lo que todo a su alrededor estaba perfectamente. Eran varios parques los que rodeaban la zona y todos estaban bastante cerca al terreno que estaba a la venta, por ello la compra del terreno estaba casi más que segura; tan sólo faltaba ver la parte del dinero, la cual iba a ser acordada con el dueño del terreno, que se entrevistaría con ellos ese mismo día, durante la tarde.

 

Yo había ido con ellos porque a principio del año también había comprado un terreno en el cual ya estaba siendo construida mi casa, por lo que mis amigos me pidieron que los acompañase, para servir de referencia alguna cuando tuvieran que hablar directamente con el dueño actual del terreno. Con anterioridad ya habíamos quedado en que yo no hablaría mucho, pero me presentarían como el hermano de uno de ellos que también tenía pensado pagar parte de lo que costara el terreno. Era algo raro lo que habían planeado mis amigos, pero como no era nada malo acepté. La cuestión es que ese día esperamos al dueño más de tres horas y este jamás apareció. Encima de todo tuvimos que esperar parados frente a un lugar en el que él supuestamente iba a estar y al cual nunca llegó.

 

Después de una semana, mis amigos me llamaron para decirme que ya habían contactado con el dueño, y que tenían un precio acordado. Me preguntaron si en comparación a lo que yo había pagado estaba bien la cantidad que ellos tendrían que afrontar. En realidad el precio que acordaron estaba muy bien, considerando que la zona era bastante tranquila y que el terreno era un poco más grande que el que yo había adquirido hace ya varios meses atrás.

 

Finalmente terminaron por comprar el terreno y ahora empiezan a ver la construcción de la casa. Seguramente pronto tendrán un lugar para vivir, con sus futuros hijos. Esa compra que hicieron fue una de las más gratas que habían logrado, y a partir de ahí, el negocio inmobiliario, que habían planeado como algo tedioso al principio, lo vieron con otros ojos. Ahora tenían algo en que pensar para más adelante, y ver la compra no solo como un gasto sino como una inversión, económica y también familiar. Es grato ver que la construcción de una casa lleva también la construcción de un futuro: un negocio que cumple los sueños de las personas, eso es bueno.

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Las diferencias en la compra de inmuebles

A pesar de los altos precios que se encuentran en el mercado inmobiliario, hay personas que no se ven muy afectadas por que la capacidad financiera con la que cuentan les permite gastar grandes cantidades sin sentirlo mucho como una pérdida de dinero, sino más bien como un medio para obtener objetos que producen cierta satisfacción o alegría. Es decir que la capacidad económica les permite ver esos gastos como normales para obtener lo que desean. Sin embargo no es así en todos, pues mientras tanto a una gran cantidad de personas les cuesta, por ejemplo, conseguir el dinero suficiente para poder pagar la hipoteca de una casa comprada, o pagar a fin de mes el dinero de la renta de un apartamento.

 

De esta maneara, mientras el panorama se repite en la ciudad por montones, personas que no tiene el dinero suficiente para pagar siquiera un apartamento decente, que vive en condiciones inadmisibles, u otros que son desalojados de sus viviendas por incumplimientos en los pagos, hay quienes pueden pagar grandes terrenos de campos, que acompañen sus casas, en las afueras de las ciudades. Las imágenes de estas propiedades inmobiliarias son como paraísos, que deleitan la vista de quien las observa, pues cuentan con gran cantidad de espacio, y sobre todo con gran variedad de elementos con los que todos quisieran poder contar en sus casas; pero son también la vista de algo imposible para la gran mayoría de españoles que no pueden afrontar los pagos propios de un inmueble de dicha magnitud. Esas enormes propiedades, las haciendas, fincas, casas de playa, en fin, todas aquellas que además de ser una casa, son también un símbolo de lujo, están muy lejos de la mayoría, que a duras penas puede pagar un apartamento en el centro de alguna ciudad española.

 

Las diferencias entre lo que pueden pagar las personas se muestra como un contraste abismal. Las propiedades también ostentan una cualidad similar. Más allá de cualquier elemento común en las viviendas; las más caras cuentan con anexos que normalmente muchas personas ni siquiera soñarían con poder ver. Estas viviendas, pensadas para las familias que cuentan con más dinero, son verdaderamente las propiedades más caras, junto a otras que sólo llegan a ser compradas por famosos o por aquellos que tienen grandes cargos en empresas. Y por el otro lado, las viviendas comunes son hechas para la “familia promedio”: unas cuantas personas más del resto del país, que se asemejan a los demás. Este factor, de exclusión, o diferenciación, se evidencia una vez más. La desigualdad existente en los tratos y los servicios que se dan a las personas, sin dejar de lado el dinero como principal indicador, es una de las conductas más antihumanas que se pueden mantener hoy en día.

 

La búsqueda de un inmueble, para las personas “promedio”, muchas veces se extiende demasiado tiempo, justamente por el dinero, y además, se hace casi imposible, por el mismo factor. Los precios altos, y la poca cantidad de los inmuebles, son los encargados de que las propiedades sean casi inaccesibles para la mayoría. Por ello la baja de precios debe ser una de las medidas más prontas a realizarse, si se requiere una mejora para las personas que buscan vivienda.

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